sábado, 4 de enero de 2020

Asesinato en la Catedral

El año pasado sugerí que leyeran Malacitanus del autor malagueño Cristóbal Romero. Este año, para comenzar otro año de lectura, voy a recomendar la secuela de esa novela titulada “Asesinato en la Catedral”. En esta nueva aventura, el autor nos remite al descubrimiento del Teatro Romano en el subsuelo de la calle Alcazabilla en los años 50 del siglo pasado y que deja al descubierto un hallazgo que ocultó 20 siglos atrás el protagonista de Malacitanus, Quinto Elio Malacitanus, un potentado que pagó la restauración del teatro. En su vejez escondió en uno de los sillares de la cavea un pugio (puñal o daga) que según los augures estaba maldito, lo guardó en un ánfora con una serie de pergaminos. Con este descubrimiento arqueológico arranca “Asesinato en la Catedral”, novela que compagina la acción de los años 50 con los años 90 del siglo XX, junto a lo acaecido en el siglo I antes de Cristo. Un triple viaje en el tiempo que narra una triple historia. Romero confiesa que se sabe poco de la Málaga romana, por lo que para su próxima novela, ya en construcción, compaginará una trama de intriga entre la ciudad de Stuttgart de finales del XIX con la Málaga de los romanos. No quedará otra que esperar su publicación.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Feliz y Próspero nuevo año

Penúltimo amanecer del 2019, si me tocara hacer un balance de cómo ha sido éste año para mi, creo que sería positivo aunque también tuve muchísimos momentos negativos, pero de eso se trata la vida, de una lucha constante entre lo bueno y lo malo, lo conveniente y lo no conveniente, de buscar oportunidades y no encontrarlas, de tener éxito y muchos fracasos. El éxito suele ser temporal, pocas veces viene acompañado de otros éxitos y casi siempre te exige que sigas luchando para lograr el siguiente. A diferencia del fracaso que siempre viene acompañado de otros fracasos que se generan por añadidura y están presentes en cada momento que vives como recordatorio de lo que no lograste. Tenemos la mala costumbre de fijarnos más en lo malo que en lo bueno, de minimizar los logros y acordarnos (o que haya alguien que siempre nos lo recuerde) de lo que no hicimos o hicimos mal. Pero como en todo inicio de año, hay propósitos que se establecen pensando que tal vez ahora si los lograremos. La vida hay que vivirla en tiempo presente y estoy en una etapa en que no pido lograr mis metas, sólo pido salud para disfrutar cada día de los próximos 365 días del 2020, un día a la vez. De los sueños, continuaré intentándolos y si los logro celebrarlos como si no existiera un mañana, ya vendrá el día siguiente para establecerme nuevos sueños y nuevas metas. Y si no los alcanzo, agradecer que al menos haya luchado por ellos. De todo podemos sacar un aprendizaje, convertir en algo positivo un fracaso puede que nos cueste, pero no por eso debemos dejar de intentarlo. Con esta reflexión no pretendo dar ninguna lección, lo plasmo como un soliloquio, pero si en algo ayuda me daré por satisfecho.

F e l i z      2020

domingo, 29 de diciembre de 2019

Rivalidades cofrades: los de arriba y los de abajo

Hay muchas formas de conocer un lugar y una de ellas es a través de las anécdotas que se han construido a lo largo de su historia. Ayer comenté sobre la Capilla Tribuna de El Portichuelo, pero mucho antes de su construcción, en ese mismo lugar, se fundó en 1615 el Convento de Santa María de Jesús (hoy día es una iglesia) y el hecho de crear un convento donde ya existía otro (el Convento de Santo Domingo que data de 1586) generó un conflicto que solucionaron distanciándose. 


Ya de por sí la construcción del nuevo convento generó malestar, pero lo que desencadenó la pelea entre ambos “bandos” fue el hecho de que los dominicos, por encomienda papal, tenían el privilegio de que en sus conventos estuvieran las Cofradías de advocación a Jesús Nazareno. Nada más asentarse en la ciudad, le comunican al nuevo convento que tenían obligatoriamente que llevar sus imágenes al Convento de Santo Domingo. Pero éstos se niegan a cumplir los requisitos que los dominicos les exigían. El conflicto religioso pronto se convirtió en un problema político y social y cuando la balanza se inclinó a favor de los dominicos, los del Convento de Santa María decidieron constituirse en una nueva cofradía con el nombre de la Santa Cruz de Jerusalén y Nuestra Señora del Socorro, que los dominicos llamaron despectivamente “los de Arriba” (por estar el nuevo convento situado en la parte alta de la ciudad) y éstos a su vez recibieron el mote de "los de Abajo" y desde entonces ambas cofradías se conocieron no por sus nombres, sino por los motes que tenían. 


La rivalidad entre las dos cofradías creó un ambiente muy parecido a los que se vivieron en la Verona de los Montescos y los Capuletos. Sin embargo, este conflicto trajo algo bueno y es que cada cofradía, para demostrar el poder del apoyo seglar, comenzaron a vestir a sus imágenes con hermosísimas ropas adornadas de oro, plata y pedrería en un alarde de ostentación de poder y riqueza. Se hizo costumbre alzar los palios sobre los hombros para que el público pudiera admirar los hermosos y costosos ropajes, dando origen a las procesiones con los llamados hombres de tronos o costaleros. 


Tanto los de Arriba como los de Abajo hicieron todo lo posible para que en el acompañamiento procesional destacara el esplendor de las armadillas, las imágenes y la vestimenta de los penitentes que usaban túnicas, capirote bajo y cola trasera (el capirote no hay que confundirlo con el capirote alto de las procesiones actuales, ya que éstos comenzaron a usarse en los años cuarenta del siglo pasado). “Los de abajo” monopolizarían el color morado para sus túnicas y las túnicas de los llamados “campanilleros” eran de terciopelo repujados en oro, llevando en el pecho las más suntuosas joyas familiares. Este exceso de lujo creó un nuevo estilo y maneras de procesión, muy distinto a los que se hacían en aquel entonces en otros lugares y que luego copiarían, manteniéndose con el tiempo y que es la forma como procesionan hoy en día en la mayoría de las Comunidades Autónomas.


Nota: La historia y algunas fotos las tomé del blog: Antequera, pinceladas de Manolo Rodríguez (lo curiosos e hitoricista de mi pueblo). 


sábado, 28 de diciembre de 2019

Capillas Tribuna de Antequera

Otro legado arquitectónico que nos ofrece Antequera son las Capillas Tribunas dedicadas a la Virgen del Socorro. Una está en la Plaza del Portichuelo y se considera como uno de los conjuntos más interesantes del urbanismo castizo andaluz. Fue construida en 1715 y se trata de una pequeña edificación abierta por tres de sus lados, que muestra en su reducido frente una doble galería de arcos de medio punto superpuestas que se abren a la plaza. Su diseño se realza con la combinación cromática formada por el ladrillo y los paramentos de cal, así como con el trazado geométrico de sus elementos decorativos y su coronación a base de pequeñas tejas de cerámica curva. Fue construida a semejanza de las capillas de la América colonial, lo que le sirvió a la marca Corona para recrear aquí un poblado mexicano y grabar un spot publicitario de la famosa cerveza. En su época formó parte del antiguo itinerario procesional de la Cofradía del Socorro, mejor conocida como la “Cofradía de Arriba” cuya historia contaré en la siguiente publicación. Sólo es visitable el exterior.


La otra es la Capilla Tribuna de la Cruz Blanca, ubicada en la calle del mismo nombre. Data de finales del siglo XVIII (1774) y se encuadra dentro de un barroco muy tardío. Como ejemplo de construcción de tipo popular, su maqueta y decoración son bastante sencillas. Al ser dedicada a la Virgen del Socorro, se utilizó también como vehículo permanente de difusión devocional y como punto de parada ritual en la procesión del Viernes Santo. Al igual que la de Portichuelo, solo es visitable el exterior.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Antequera: ciudad monumental

A raíz de la información aparecida en el periódico francés Le Monde, donde indica que Málaga es una de las cinco ciudades europeas que se deberían visitar en el 2020, retomo mis publicaciones sobre Málaga hablando de Antequera, un municipio al que he ido muchísimas veces y en el que siempre hay algo nuevo por descubrir. Está a 40 minutos de la capital y su nombre procede de la antigua ciudad “Antikaria” que ocuparon los romanos durante su hegemonía sobre la península ibérica, luego pasó a ser “Antaquira” cuando los árabes dominaron toda la región andaluza y “Antequera” después de la conquista de los reyes católicos. 

De su pasado se conserva un extenso patrimonio arqueológico y arquitectónico, destacando el conjunto de dólmenes de Menga, Viera y El Romeral (de los que publiqué información hace ya algún tiempo), el Peñón de los Enamorados (una de las primeras publicaciones que compartí), ubicado en un importante yacimiento orográfico, así como numerosas iglesias, conventos y palacetes de distintas épocas y estilos. También destaca el paraje natural de El Torcal (del cual hablé también en publicaciones pasadas), famoso por las caprichosas formas de sus rocas calizas, que conforman uno de los paisajes kársticos más importantes de Europa. 


Antequera fue uno de los centros ligados a los inicios del nacionalismo andaluz, donde se redactó la Constitución Federal de Antequera en 1883 y se acordó el llamado Pacto Autonómico de Antequera en 1978, que condujo a la consecución de la autonomía para Andalucía. Compitió por ser la sede del gobierno central andaluz, pero perdió la votación con Sevilla la actual capital de la Comunidad Autónoma. Un estupendo lugar para visitar y conocer.


martes, 24 de diciembre de 2019

Feliz Navidad

Son tantas cosas que puedo desear que mi lista de deseos sería infinita, pero muchas cosas no las lograríamos si no tenemos salud. Por lo que mi único deseo es que gocemos de buena salud, todo lo demás vendrá con trabajo, esfuerzo, una dosis de suerte y que el destino, que a veces se antoja caprichoso, nos allane el camino para alcanzar cualquier meta que nos propongamos. Salud y Feliz Navidad.

domingo, 22 de diciembre de 2019

Mantecados de La Perla

Un producto típico de la Navidad malagueña son los mantecados y una de las marcas más tradicionales es La Perla (existen también otras marcas como La Antequerana con una trayectoria similar). Hoy, sin embargo, comparto la historia de La Perla, una empresa familiar que tiene más de 70 años elaborando los mantecados artesanos más conocidos de la provincia de Málaga. Su modo de producción es idéntico al de sus comienzos, son hechos totalmente a mano, sin maquinaria industrial, y su elaboración empieza a principios de septiembre, cuando la treintena de trabajadores se sientan frente a una gran mesa llena con la masa de los mantecados, a los que les dan formas, sabores y colores para luego cocinarlos en un gran horno de leña. Su sede principal está en el centro de Antequera, específicamente en la Calle Mesones, y es típico ver en los días previos a la Navidad largas colas de personas para comprar. Los clientes pueden ver a través de un cristal el obrador donde se elaboran y disfrutar de los cientos de aromas que se cuelan por todas partes, mientras esperan su turno para ser atendidos. Casi todos los años voy a comprarlos y aunque también los venden en tiendas, se ha hecho una tradición ir hasta Antequera cada diciembre para comprar y pasear. La última foto muestra todos los sabores de mantecados que se fabrican.